Si entendiéramos la vida, no habríamos inventado el arte. 1

La memoria, al igual que los relojes, se reblandece con el paso del tiempo. Cuando una persona muere, su memoria se desvanece, cayendo así presa del olvido. Un reloj se encarga de medir el tiempo, y cuando sus agujas dejan de funcionar, su vida termina. La memoria del reloj, el tiempo, desaparece de él. La única diferencia es que la memoria humana la forma la realidad, y la del reloj, el tiempo. El tiempo es lo que hace que la memoria humana sea efímera, porque la realidad terminará cuando la memoria de los relojes desaparezca. Entonces no habrá realidad, sinó olvido atemporal, que perdurará siempre, porque la memoria de sus relojes no existirá. Por lo tanto, todo lo que conocemos o creemos conocer, está atado al tiempo. Aunque ningún ser puede apreciar su memoria, sabemos que existe porque en ella perduran nuestros recuerdos, podemos recordar el pasado, los planes y los sueños del futuro, y recordaremos lo vivido durante el día en el presente. Con la de los relojes pasa lo mismo. No podemos percibirla, sólo podemos ver sus agujas, las que representan los recuerdos del reloj, los segundos, los minutos, las horas. La memoria del reloj es algo que el ser humano ha inventado para controlar la realidad, para recordarnos que todo tiene un límite, que no viviremos para siempre. Por lo tanto, el tiempo en sí no existe, es sólo una ilusión, una ilusión que marca el principio y el fin de todos nosotros, en cierto modo, hemos creado el límite de nuestra existencia. Cada ser y cada objeto tiene fecha y hora para dejar de existir, nada es inmortal. 

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